El virus que vino a parar a la humanidad.

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Siglo XXI. Año 2020. El sistema capitalista mundial es alimentado incansablemente por los países de la llamada ‘sociedad del bienestar’. Nada parece poder perturbar el crecimiento permanente de la economía. Los viajes comerciales se suceden diariamente entre todos los países del mundo. Los turistas visitan, con libertad, cualquier confín de la tierra. Los gobiernos de los países discuten por pertenecer o no a la UE, por el 5G o, en los casos más desgraciados, se pelean por la conquista del territorio. El mundo está globalizado, interconectado. Todas las personas, estén donde estén, siguen su vida a un ritmo vertiginoso.

Y de repente, de la noche a la mañana, el mundo se para. Se para literalmente.

Los gobiernos de los países van confinando a las personas en sus casas como por efecto dominó. Primero empezó China, luego Italia, España, EEUU… Todos los gobiernos siguen los mismos protocolos. Las fronteras comienzan a cerrarse para proteger a la población.

¿Pero de qué tenemos que protegernos?

De un virus. De un microorganismo microscópico, invisible al ojo humano que se extiende con rapidez sin entender de razas, fronteras, idiomas, continentes o países. Un virus que afecta a todos. A los ricos y a los pobres. A los cultos y a los analfabetos. A los felices y a los infelices. A los sanos y a los enfermos. A todos, sin excepción. Y a algunos con efectos fatales, como nuestros queridos ancianos.

Un virus ha conseguido paralizar a todo un planeta. Un virus ha conseguido aquello que los países creían imposible. Y un organismo microscópico lo ha conseguido.

Es, claramente, un momento para la reflexión. Todos tenemos ahora la obligación de hacernos amigos de nosotros mismos. Son momentos para la introspección, para ampliar perspectivas y salirse fuera de la caja en la que vivíamos en nuestra cotidianidad.

Nos encontramos ante una situación jamás pensada que parece sacada de un libro de ciencia ficción. Y que nos tiene a todos recluidos en nuestras casas para devolvernos, dentro de unas semanas, a una realidad que habrá cambiado por completo. La humanidad ya no volverá a ser la misma.

Es posible que el Coronavirus haya venido a parar a la humanidad, probablemente para hacerla reflexionar acerca de la dirección que llevaba. ¿Cómo de irreversible es el cambio climático? ¿Cuántas buenas relaciones tengo con mis vecinos, con mis compañeros de trabajo? ¿Qué es lo más importante para mí en mi vida? ¿Cuánto calor de los demás necesito para superar los momentos difíciles? ¿Qué pasaría si no tuviera a nadie a mi alrededor?

Algunas personas sólo percibirán el sopor de la falta de libertad de movimiento y otras personas lo van a pasar francamente mal.

Quizá por ello, ayer, cuando escuchaba hablar sobre resiliencia a mi compañera de la Asociación Desata Tu Potencial, Elena Baixauli, me resonaba especialmente el recuerdo de las palabras de nuestro querido antropólogo Pablo Herreros, quien nos contaba que la cooperación fue una de las claves del éxito de la evolución humana. 

De hecho, estos días es frecuente ver por televisión, redes sociales o, incluso, cuando bajas a comprar comida al supermercado, detalles espontáneos de las personas para ayudar a los demás:

  • Universitarios que cuidan a niños y adolescentes en las comunidades de vecinos si sus padres deben acudir al trabajo.
  • Personas que se ofrecen a comprar comida a los mayores para que no salgan de casa.
  • Un personal sanitario totalmente volcado en el cuidado de las personas.
  • Los aplausos diarios y espontáneos de la población para agradecer la labor de esos sanitarios.
  • Y un largo etcétera de pequeños detalles que se pueden observar diariamente en los demás.

Puede que esta paralización nos haya vuelto más humanos. Parece habernos provocado mirar de nuevo a los demás para ver si necesitan algo. Parece habernos devuelto unos valores personales que estaban oxidados, olvidados en un lugar remoto de nuestro corazón. Parece habernos levantado la vista de la pantalla del móvil y habernos devuelto los saludos con otras personas y el cruce de miradas. Parece habernos traído de vuelta la solidaridad, a la generosidad, al altruismo. Porque no nos olvidemos… somos más felices cuando sentimos que somos útiles a los demás, cuando compartimos sin esperar nada a cambio.

Puede que saquemos cosas muy positivas de esta crisis. Puede que nos hayamos visto obligados a poner en marcha sistemas de trabajo que, de haber tenido tiempo, nos habría llevado meses o años desarrollarlas dentro de nuestras empresas. Puede que nos haya acercado más a la tecnología para comunicarnos en lugar de para aislarnos. 

Puede, también, que esta crisis nos obligue a reinventarnos, a ser creativos, a pensar cómo podemos hacer nuestro trabajo de maneras diferentes, más eficientes, menos contaminantes y con una entrega mayor.

Estar privados de libertad nos hace valorar aquello que dábamos por sentado. Nos hace tomar consciencia de la importancia de proteger nuestra vida y la vida de nuestro planeta. Nos hace sentirnos menos indestructibles. Nos hace agradecer que estamos sanos. Y si no lo estamos, nos hace tener esperanza en que lo vamos a estar.

Estar todos en la misma situación nos hace compartir sensaciones. Y cuando digo todos, me refiero al planeta entero. No hay persona con la que hables, aunque sea en las antípodas de donde estés, que no sepa acerca del Coronavirus y de sus efectos. Y nos hace pensar que, juntos, saldremos de esta…. porque estamos juntos en esta…

Esta crisis nos está permitiendo reflexionar… y mucho. Y aunque guardemos las distancias por no contagiar o contagiarnos, nos está haciendo recuperar la empatía, que la teníamos muy perdida porque nos habíamos convertido en una sociedad egoísta e individualista. La empatía que nos hace comprender cómo se sienten los demás, porque ahora todos tenemos unas sensaciones parecidas. Muchas veces nos entendemos con tan sólo mirarnos.

Y llegados a este punto, tenemos dos opciones… obsesionarnos con el microscópico organismo y empequeñecernos en algún rincón de nuestro hogar o dar un paso atrás y mirar a nuestra vida desde otra perspectiva para convertirla en una vida mejor cuando todo esto haya pasado… que será pronto… muy pronto.

Así que os deseo a todos reflexiones muy positivas en torno a este momento que estamos viviendo. Os invito a que miréis vuestra vida desde otra perspectiva y descubráis nuevas cosas que podéis llevar a cabo a partir de ahora. Os invito a recrearos en las posibilidades, más que lamentaros de la situación. Os invito a crear un nuevo mundo en el que las personas ocupemos el centro de ese espacio. 

Y aprovechemos para hacer cosas que antes no nos daba tiempo a hacer. Aprovechemos para descubrir nuevos caminos y oportunidades para nuestra vida. Aprovechemos para tener mejores conversaciones con los demás. Y aprovechemos para tener mejores conversaciones con nosotros mismos.

¡¡¡Cuidaros mucho!!!

#YoMeQuedoEnCasa
#QuédateEnCasa

Escrito por Carolina Hernández

Creo ciegamente en que la transformación personal conduce a la transformación organizacional. Creo que es posible un mundo mejor. Me encanta estar al lado de los demás cuando se convierten en la mejor versión de sí mismos. Coach experto en coaching comercial, habilidades de dirección y comunicación personal y organizacional. Soy entusiasta con el Social Media por las oportunidades que nos brinda y me uno totalmente al nuevo concepto naciente de "Human Media".

Web: http://www.carolinahernandezcoaching.es

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