Cómo ser emocionalmente inteligente…

Destacamos, Empleados, Felicidad en el trabajo, Noticias

Gestionar las emociones propias y las de los demás… Ese es el fin de la Inteligencia Emocional. Algo que sobre el papel parece muy sencillo y que, sin embargo, resulta terriblemente difícil poder llevar a la práctica.

A las personas nos cuesta mucho gestionar nuestras emociones. Son esas desconocidas que, a cualquier edad, nos pueden jugar una mala pasada ante una situación, provocarnos dolor o hacer que actuemos mal con la persona que tenemos delante.

También existen emociones que nos hacen sentir fenomenal. Pero esas es mejor dejarlas fluir y no preocuparse por ellas.

Una persona emocionalmente inteligente es la que disfruta de aquellas emociones que le hacen sentir bien y, además, gestiona aquellas que no le hacen sentir tan bien. Y si esto se hace también con las emociones de los demás, conseguiremos un elevado nivel de inteligencia emocional en nuestras vidas. Y, en consecuencia, nos permitiremos disfrutar más, tanto de nuestro ámbito personal, como de nuestra parcela profesional.

Ahora bien… ¿cómo se hace esto de convertirse en una persona emocionalmente inteligente?

La realidad es que no es tan complicado. Sólo hay que, primero, querer hacerlo y, segundo, ponerse en marcha para conseguirlo.

Podemos decir que somos emocionalmente inteligentes cuando, ante las situaciones cotidianas del día a día que nos producen malestar, recorramos el siguiente camino…

Primero, percibir la emoción…

Debemos aprender a reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás. Debemos saber identificarlos. Y la pista nos la dará nuestro cuerpo, que es donde se manifiesta la emoción.

Por ejemplo, si uno está nervioso hay que observar cómo son los gestos, qué expresión facial se tiene, si sudan las manos o en qué otra parte del cuerpo se manifiesta ese nerviosismo físicamente.

Segundo, asimilar la emoción…

Ser conscientes de que la emoción que estamos sintiendo va a afectar en nuestra toma de decisiones. Si tenemos en cuenta este factor, nuestra decisión no se verá tan afectada por nuestra emoción. Sin tener en cuenta este factor, podemos salir por cualquier lado, que es lo que ocurre en muchas circunstancias de la vida.

Si asimilamos, por ejemplo, ese nerviosismo interior, podremos, junto a él, ponernos a hablar delante de 500 personas o asistir a esa entrevista de trabajo que tanto nos importa. Porque asimilamos que es parte del proceso y no rechazamos la emoción, sino que permitimos que nos acompañe.

Tercero, comprender la emoción…

Entender que las reacciones que se provocan en mí son producto de ese estado emocional.  Y no luchar contra ello…

Entender que ese nerviosismo es el que me provoca, por ejemplo, pensamientos negativos en mi cabeza… O me enfría las manos…. Comprender que es natural en mí que ocurran esas cosas cuando siento nerviosismo, me puede llegar a tranquilizar en lugar de elevar el estado nervioso si no trato de comprender lo que me está pasando.

Cuarto, regular la emoción…

A través de diferentes estrategias de gestión emocional.

En el plano cognitivo, observar y reconocer los pensamientos y procesos mentales asociados a esa emoción.

En el plano fisiológico, reconocer las sensaciones corporales asociadas a esa emoción.

En el plano motor, entender los comportamientos asociados a esa emoción.

Y a partir de esa regulación elaborar una nueva acción.

En el caso del nerviosismo, si mi rostro se tensa y me sudan las manos, debo entender que eso es así y no darle importancia, porque una nueva acción como respirar lentamente va a provocar que me calme y que mi estado de nerviosismo o de ansiedad disminuya.

Quinto, verbalizar la emoción…

Puede parecer una tontería, pero poner en palabras todo el proceso anterior ayuda a un proceso interno complicado que es pasar al mundo del lenguaje toda la experiencia del mundo sensorial. La información sensorial que tenemos dentro de nosotros es muchísimo más rica de lo que podemos expresar con palabras.

Al verbalizarlo no sólo estamos fijando dentro de nosotros los aspectos más importantes, sino que, además, estamos haciendo partícipe al otro de lo que nos está ocurriendo. Y esto provoca que el otro pueda comprender mucho mejor nuestro estado y nuestro comportamiento en ese momento.

Lo importante no es ir rápido, sino ir paso a paso para hacer más sólido el camino.

Cada vez que demos estos pasos, conseguiremos consolidar el camino de nuestra Inteligencia Emocional y, sin darnos cuenta, al cabo de un tiempo, lo tendremos tan interiorizado, que nos resultará cómico no haberlo recorrido antes.

¡Feliz semana a todos!

Escrito por Carolina Hernández

Creo ciegamente en que la transformación personal conduce a la transformación organizacional. Creo que es posible un mundo mejor. Me encanta estar al lado de los demás cuando se convierten en la mejor versión de sí mismos. Coach experto en coaching comercial, habilidades de dirección y comunicación personal y organizacional. Soy entusiasta con el Social Media por las oportunidades que nos brinda y me uno totalmente al nuevo concepto naciente de "Human Media".

Web: http://www.carolinahernandezcoaching.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *